CARLOS BARBARITO


viga bajo el agua






mejor visto a pantalla completa

pulsa sobre o para ver el poema siguiente














A María
A Carlos Rodríguez Murúa

o
















o






Qué retumbe en silencio lo que se escribe,
para que el silencio retumbe largamente, antes
de volver a la paz inmóvil entre la que sigue
velando el enigma.
Maurice Blanchot, La escritura del desastre.

Pero también llega, en función de la libertad,
el momento en que un alma se reconquista, y
puede decirse a sí misma con el asombro de un
convaleciente: Dios mío, ¿qué he podido hacer
durante todos estos años?
Giles Deleuze, El pliegue.

o






Sale de una grieta en la tierra.
Respira y crece; crece y respira;
crece porque respira; respira porque crece.
De átomo de lodo en el lodo
a fruto en cuyo centro
una visión madura y se perfecciona.
Crece hasta no dar más de conciencia
De cópula, de minutos,
de leves y densas maquinarias de aire y de tierra.

Entonces habla.

o







El lobo muerde a la palabra conejo.

Ni grito, ni dolor, ni sangre.

o







Yo por debajo del Poeta,
el Poeta por debajo de mí,
yo por debajo del Poeta con excepción de mi oficio,
el Poeta por debajo de mí con excepción de su oficio.

o






Muerto de miedo, me contestaba: nada.
Sartre.


Ningún padre es bueno y no tengo visiones.

Araño la tierra y el nudo de la tierra.
Arranco madejas de venas
de los feroces animales que gritan de noche.
Vivir, morir no basta
pero no hay otro fuego, otro hielo.
Un humo sube desde la sangre
y atrae ángeles y cuervos,
entre ese humo y esas alas voy
queriendo saberlo todo u olvidarlo todo
y no puedo.

Ningún padre es bueno y he leído demasiado.

o







The day is in the sea, the night grows cold.
John Brinnin.

No siempre estamos desnudos, a veces
nos cubre el trapo negro que nos arroja el mundo:
un entierro sin ceremonia
de un corazón de ciervo, todavía palpitante,
una súplica por la devolución
de los propios huesos,
la muerte ajena sin un relámpago en el cielo,
sin un mísero resplandor de una luz de fósforo
contra el vidrio de una ventana.
No siempre oímos el rumor del agua
bajo los puentes, por las canaletas
cuando cae la lluvia, a veces
trepa desde el fondo hasta nosotros
un grito ahogado que no acaba,
apuñala toda música,
nos hiela la sangre,
las manos.

o





El polvo cubre los frutos,
La carne se desgasta en semanas huecas, oscuros trabajos.

o








Algo calla y ya no llama desde la carne
y la tierra. Ahora entre tu respiración y la mía
hay otra respiración parecida a la muerte,
más temible que la muerte (al fin
y al cabo morir es seguir conversando con el Misterio,
salvo que más lejos.) Sombra
que nos abraza y nos dice al oído:
ayer el humo cubrió el árbol junto a la ventana,
la orilla blanca de enfrente.

Ahora entre nosotros se apagan aquellas preguntas
(¿qué es este sueño de membranas opacas
el sendero de sangre de cabra, de cordero?
¿dónde el fermento y dónde el reposo?)
y nos recostamos contra una pared
con los ojos cerrados, del lado de la oscuro.

o







¿El alma es lo suficientemente fuerte?
no llega casi nunca con su mirada a lo más temido,
a lo más terrible y secreto:

retrocede temblando,
como un niño ante su propia sombra
en medio de un corredor vacío.

o






(Valéry, Eupalinos)


Un día le habla a Dios y no obtiene respuesta.
Un día lo sorprende la respuesta grabada a punta de navaja en la corteza de un árbol.
Un día es una criatura débil y ciega.
Un día aguanta el peso del mundo en su espalda y ve fuegos en la noche del espacio.
Un día cifra vida y muerte en teoremas y logaritmos.
Un día sale a la calle con una olla de carbones encendidos
mientras el viento disemina el olor de la peste o pasa horas sentado en una ciénaga haciendo gestos,
riendo a carcajadas porque otro viento lo ha dispersado.
Ha nacido, como todos, varios,
Y, como todos, morirá sólo uno.

o






(Levítico 15,25)


Sangra. Una mano contra la pared
y otra mano en el vientre.
Se derrama. En gotas densas, repetidas.
Hacia el centro de lo oscuro,
oscuridad finita pero sin límites.
Se inclina. Mira en el agua:
lo impuro se mezcla con lo puro,
en una tosca vasija de barro.
Lejos del Eje,
del Milagro.

o






...la noche ofrece sapos, perros negros
y cadáveres ahogados...
Kawabata.


Una mujer se lava cada noche
con un agua pura, imperiosa,
así sople el fuego o el hielo,
así echen abajo las puertas
y entren a la casa con perros y linternas, así
no venga nadie y un violín se parta,
una estrella se rompa,
así un hombre, cualquier hombre, se desangre en el fondo
de un pozo,
y la sangre manche los lomos de los caballos,
y los caballos galopen hacia la fiebre y el espanto.
Se lava y tiembla
como quien rueda entre sapos, perros negros
y cadáveres de ahogados, y grita,
antes de ser tragado por la tierra.

o





(Por Sylvia Plath)


I


Hay una única fe que sopla ahora entre nosotros:

La que antes del primer humo,
tenue y gris sobre algún techo,
antes aún del primer muro cubierto de moho
y del primer atardecer
bajo lluvias de guijarros,
tomó cera,
hizo de nuestros rostros
a imagen y semejanza de los racimos
que penden y oscilan sobre las tierras
rasguñadas por el viento,
y luego de soplarnos en las narices
nos dijo:
Ya es tarde.

o









II


Hubo una vez una grieta en la argamasa del mundo

En ese breve interminable mar,
o fluir de densidades sin vida ni muerte,
o secreta mordedura que no podía doler
por ausencia de dientes, de uñas,
una mujer nadaba desnuda, ignorándolo todo.

o









(Me acuerdo: todavía en madre y ya
sin ella, sucio de tiempo, de sangre,
piernas y brazos estirados
como en potro de tormento)
y desde entonces nunca del todo vivo,
nunca del todo muerto,
en Dios y en Nada
como entre trapos, lastimado,
y punzones, y dientes, y alcoholes.
Me acuerdo: tabla rasa ante el balanceo de una soga,
te dolerá mucho
un poco antes de la lluvia
-dijeron:

o





Por sogas, por nudos de sal,
por golpes de soga en las plantas de los pies,
por lo que ensucia, por lo que no limpia,
rueda dentro de rueda,
rueda que gira dentro de rueda que gira,
y por qué, para qué, para quién;
el mundo oscurece y mata los caballos
no para comer su carne

para abandonarla a los buitres;

o






y la vida que no surge de su propia lastimadura,
y yo sin rodillas sobre las que caer,
casi loco, emocionado, para adorarla.

o





Esta noche, una mano helada, de gigante, le toca
la frente y lo despierta. Se incorpora de la cama y
en su angustia olvida ponerse la camisa (¡ y hace
tanto frío!). Nada a ciegas por el interminable río
flanqueado de retratos y siente que las furiosas y
sin embargo inmóviles corrientes en vez de acercarlo
lo alejan cada vez más del único paraíso que su mente
atina a concebir ahora: el interruptor de la luz.

o







Sueña que camina hacia la luz.
cuando parece que la luz y él
van a fundirse en un único y definitivo abrazo,
lo despierta el tenue resplandor de un fósforo
que su mujer ha encendido
asustada al sentirlo aferrado a su cintura
como un niño a la cintura de su madre,
temblando.

o





(En viaje)


I

Es un animal pequeño y desalado
Yace al borde del camino
Un animal muerto, sólo eso, pero de algún modo el
final de otro resplandor en el mundo, de otra
esperanza de un dios que ya no cree en la geometría

Un animal de dientes blancos, blanquísimos

o












II


Atado a una quilla,
oye tan sólo el golpe del agua contra el hierro.
Nada de Anunciación, de cortinas desgarradas,
Nada de máscaras encendidas, de perfumes purpúreos,
De corazones y hermanas...

o







III


Sólo formas heladas, opacas, diseminadas

o






IV

Vuelvo

-dijo;
el camino estaba desierto
y nadie le besada los dedos

Vuelvo al armario
donde los hombres son abrigos vacíos1

o


1 Groucho Marx.







Ese que se abandona
bajo un cielo de rotas arboladuras,
¿tendrá el favor del ángel? Bajo un cielo
nunca de viaje espera
la tormenta que tarda, la calma que tarda,
el beso que tarda, la muerte que tarda,
algo que ya no sea el interminable diálogo
de los huesos con los propios huesos.

o







(Anotaciones en un cuaderno olvidado)

...una carne blanda y blanca, de recién nacido... lobos...
(5 de setiembre, 1977)

A lo lejos, en una selva espesa, un animal devora los
restos de otro animal que ha matado, de su misma
especie, con sus mismos ojos.
(20 horas, jueves)

Hacia el amor o hacia el crimen, eterno extranjero.
(...)

o







Un potro gris.

Lo arrojaron por la borda,
en desesperado intento para aliviar el peso del barco.

Un potro grita,
desde el agua, entre los sargazos.

Uno de esos gritos será el último.

o








Ame aux pesantes mains pleines d´avirons.
Valéry.


Por último abrió los ojos. Miró
bocas de mujer entreabiertas, innumerables.
Morir. Pero luche. Sí,
luché. Como el mercurio contra el azufre.
En lo profundo de su memoria
un alma pesada de remos
se convertía en yesca y ardía;
dijo:
Ya es la hora. Que los reptiles acudan,
que el dragón de los sueños y terrores acuda,
mientras se apagaban para sus ojos las estrellas
y en su agonía la tierra y el agua y el aire y el fuego
se mezclaban
y regresaban al caos del principio.

o








(Kierkegaard)


Hasta la muerte
le habló sin descanso
a una alta sombra
sin oídos.

o





Mariposas sedientas sobre la arena mojada.

o






I


Le habla en un idioma
que ella no logra reconocer,
y vencido se sumerge, como un témpano se sumerge,
y desde todas partes sopla
ni vida ni muerte ni padre ni hijo.
La abraza con más uñas que dedos
pero ella se desprende y se aleja
y antes de perderse en la luz
lo mira, quema sus ojos mirándolo,
a él, a ese perfil recortado en lo oscuro,
a esa campana que tañe
pero ya no por el metal sino por el hueco, la forma.

o





II


Tengo tanta sed
-dijo.

Sólo le trajeron agua.

o





Cuando era niño me negaba a probar bocado.
Era una figura de mica al paso de las comidas.
Después crecí y me volví más débil.
Cedí, sí, pero en parte:
A veces escupo el pan porque me sabe a arena entre los dientes.

o





Sabe que toda luz
está destinada a acabar en la oscuridad.
Lo sabe y sin embargo
Se detiene en algún lugar en la noche,
frota una piedra contra otra,
hace la luz, y le dice:
serás eterna.

o







(Byron)


Holles Street Aberdeen Harrow Cambridge
Lisboa, Sevilla, Gibraltar Patrás Atenas
El Helesponto otra vez Londres Bruselas
Colonia Lausana Milán Venecia Roma
la Villa Foscanini en La Mira Ravena
Génova Cefalonia Missolonghi.

Sólo quien cojea
es capaz de llegar a tiempo
para morir entre relámpagos.

o








© Carlos Barbarito 1992

Buenos Aires, Ediciones del Dock, 1992, Colección El mono hablador (director: Joaquín Giannuzzi).

.
Copyright © Carlos Barbarito 1992


Reactiones: libro de visitas o Carlos Barbarito




busca en esta página

powered by FreeFind