CARLOS BARBARITO


puntos de fuga








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Prólogo de Héctor Sommaruga
Colectivo Zona Alta, Nro.12, Toluca, México
Copyright © Carlos Barbarito 2002

o




A María Cecilia
A Santiago Kovadloff
a Mercedes Naveiro y Marité Malaspina



Foto: José de Jesús Cacho

Ahora se dirige hacia el vacío, y no lo halla. sólo se encuentra a sí mismo
Michaux Consciencia de si asolada

Los muertos deben rescucitar y los vivos deben ser entregados a la muerte
Yanwu

o





Acaso ya no importe si verdadero
o falso. Acaso dé igual
la hierba o su sombra,
el vientre o la torpe figura
que intenta representarlo.
Acaso ya no quede nada,
ni el borde, ni la herrumbre.
El lento animal no bebe del agua
del charco, el amor no se ensucia
con el puro hollín, la pared
no se agrieta tratando de extender
la casa hasta donde se pasea,
ingrávida, la belleza.
Acaso ya no importe si honrado o vil,
si vertical o desplomado,
si deseo o cuchillo o relámpago.
Por el viento, insepulta, todavía,
la palabra, golpeando
contra negra, alta desdicha.

o









Foto: José de Jesús Cacho

o





Vivo, muerto,
a través de la tierra hueca,
hacia luz fría, amor cercado.
El deseo sin pellejo,
puesto cabeza abajo.
Hablo, la lengua que uso
no tiene centro, es todo borde,
espera, perro sediento, la lluvia,
a veces ladra,
a veces hace silencio.
Todo vacila, pierde firmeza,
se desgasta al más leve roce.
¿Si niego lo que bebo,
ganaré vida con ello?
¿Si la empujo, desnuda,
contra otros cuerpos desnudos,
y a todos abrazo, y penetro,
se encenderá un fuego
entre piedra y piedra?

o





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(A Aldo Tavella)

Vida, copia de copia:
humo, bruma, adentro,
materia que duerme o agoniza.
En el humo: novela: sombra de uro.
En la bruma, envuelta en red,
un deseo, pez hembra
con ojos hinchados y ciegos.
Hubo cuerpo, carne,
recinto de único amor o malaria;
hay ironía, deseo en péndulo,
belleza inclinada, caída
sobre su propio y obsesivo repique,
luz que alumbra con oscuro un dibujo,
provisorio, asimétrico.

o





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Pende sobre un suelo seco.
Agotados ya el aire altísimo,
la promesa de ventura,
la luz del sol en el agua trémula,
la hora del blando pie entre raíces,
oscila, abajo la tierra
sin anhelo ni nutriente.
En su cabeza, ahora,
se juntan, en una sola masa de indiferencia,
olas de pasado y de presente,
y lo que debiera ser súbito, urgido, deseoso
se resigna y abstiene de todo movimiento.

2 de abril, mediodía.

o


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Polvo sobre polvo en un Libro que vacila.
Queda el hueco y al fondo, ¿todavía?,
árboles cabeza abajo, aves cabeza abajo,
lluvias raras sobre naciones olvidadas,
una esfera rotando sobre su propia ebriedad,
su propia locura.
¿Y si voláramos, si duráramos siglos,
si encontráramos bajo la arena la palabra,
si diéramos con la fórmula, la llave?
¿Y si más allá, donde se concentran,
en un gran centro, todos los puntos de fuga,
nos penetráramos de lado a lado
sin sentir el más mínimo sufrimiento?

o




6




(Duchamp) (Amsterdam 6)

Con un limpiabotellas, tres alfileres
de gancho y una tuerca
es posible hacer un mundo.
Y con ruedas de bicicleta,
cajas, fundas de máquinas de escribir,
percheros, ampollas de vidrio,
polvo, frascos de perfume,
cartón, grasa, clavos, yodo, estrellas doradas.
Un mundo no menos hermoso que éste,
no menos terrible.

o








Foto: José de Jesús Cacho

o
7





(A Marcelo Bordese)

El vidrio empañado de ciencia
y del otro lado,
aquello en lo que nos transformaremos...
¿en comensales horribles
sentados a horribles mesas,
comiendo con las manos?

o


8




(Eliot) (Amsterdam 5)

Se quemó, en algún instante
del parpadeo que llamamos la vida.
Y de él quedó esto.
Y desde esto que ahora es
Acaso ya no pueda ver
la glorieta ruidosa por la lluvia,
criaturas del calor del verano.
¿Habrá ahora bajo el Puente de Londres
el mismo remolino?
¿Podrá ahora entender,
por fin, el lenguaje del humo,
la danza de las abejas sobre las flores?

o





9




Hay niños que entierran sus juguetes.
Hay un dios enfermo y frágil.
que ya ni se pregunta por qué está tan lejos, tan alto.
Hay un te necesito en un aire frío y quieto.
Hay una sombra que espera fulgor y prodigio.
Hay vagones abandonados, vacíos.


o

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(Banchs)

porque lo ido no dejó ni estela
porque la estela no recoge a su paso ni fruto ni piedra
porque las horas son ceniza
porque las horas son ciegas o están llenas de ojos
porque el alma carece de ventana y el cuerpo de puerta
porque hay pozo como hay palabra
porque no hay palabra sino pozo
únicamente pozo
nada.

o

12




II

(Frida Kahlo) (piedra encerrada)

Cae un gran peso y es sombra,
suelo cubierto de hojas pútridas,
casa erigida en el centro del mundo
y en ella, oscuro, alguien
con las manos en el rostro.
¿Cómo desnudarse,
golpear el fondo, la piedra?
¿Cómo soterrar el dolor,
encontrar certeza más allá del cansancio?
-No estoy enferma, estoy rota-,
entonces,¿grabar pudor y ley,
invocar lo puro y lo fértil,
persistir en docilidad
con el vientre hundido en la sombra?.

o




13




Sé de una mujer que se ofrece a los pájaros:
desnuda, tendida en la hierba,
expone su espalda a los picotazos
y en cada dolor encuentra goce.
El mundo es extraño,
engendra cosas extrañas:
lluvias de panes y peces,
las bolas de fuego que vio Goethe,
los barcos volantes
que transportan los restos de las cosechas,
esa mujer, esto que escribo.

o


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(Satie, Gnosienne Nº 3)

¿Qué quiere el viento
que sopla esta mañana, qué pretende
de nosotros, situados
entre un pasado que persiste
y un futuro que es apenas anhelo, esbozo?
No lo sabemos.
Por ahora
sólo agita la hierba que crece junto a las vías
y lleva nuestras voces
un tanto más cerca del horizonte.

o


15 (Amsterdam)




Vi: no en sueño, en una hora
de luz y oscuridad, y
lo que vi me inclinó sobre la tierra.
¿Para qué tener ojos?
- me pregunté;
hubo una sombra
en cada reflejo en el agua,
un velo en el aire de la mañana.
Entonces era fácil morir,
ser arrastrado por el viento en fuga,
padecer algún mal desconocido.
Pero, ahora, ¿ la ventura
es otra, es otro el espejo,
otra es la ceniza que flota
luego del incendio?
No, aún esperan los muertos
la misma cura, aún
un niño graba su nombre
con la punta de una aguja en el basalto,
aún la casa no adquiere
lugar, cimiento, consistencia.

o





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¿Adjudicarle espíritu a los peces,
una intensidad a la roca,
una cifra de alquimia, un grano
de piedad al espejo?
¿Éste es el peso del silencio,
éste, el filo que roe el tiempo,
ésta, la red en el agua ?
Sí,
hay un libro,
secreto, de tapas de cobre,
guarda, si no las respuestas,
sus sombras.
Pero,
¿dónde? ¿ en qué
nave, vientre, despeñadero,
haz de claridad o sombra,
risa, insulto, fatiga, reposo
está guardado?
¿Cómo llegar? ¿Con
qué ropa o desnudez,
con qué alimento o ayuno,
bajo qué calma o tormenta?
Además, no sé leer.

o




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(John Cage, 4 33) (Piedra encerrada)

En el centro de la tierra,
un piano en silencio;
la música, los ruidos del mundo:
no hay animal que no grite,
chille, aúlle, bufe, resople;
no hay cosa
que no cruja, chirríe,
rechine, fermente, exhale.
En el centro, un hombre
inmóvil ante el teclado;
la música, los ruidos de los otros:
balbuceos, tartamudeos,
aplausos, gemidos, llamados,
imprecaciones, eructos,
flatos, ruegos, súplicas,
maldiciones, cánticos.

o




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La mía es una edad vieja y amarga. (Piedra encerrada)
Mark Rothko a Robert Motherwell

La herida no es curable,
se abre amarga hacia el día,
hacia la hora en que,
desde todas partes,
la muerte mide palabra y futuro.
No somos iguales
pero nos iguala
el lejano sonido del viento
contra otras piedras
ni blancas ni negras.
En el suelo trazas de deber,
de juicio, a las que el viento
no borra, y húmedo desnudo
contra reseco muro,
y un idioma de alfileres,
de hileras de niños por un plato,
de breve, inútil dios
en vertical, flaco, magro,
solo entre alacranes, entre perros.
Pero la pared igual se alza.
Igual trepa el deseo por el costado.
Igual se ocupa de su fondo el océano.
Igual levanta el mundo sus defens,
otorga olores a las vulvas,
disemina hierbas, polvo,
astillas.
Y mastico con mi diente único
el pan que a veces celebro
y otras veces niego.

o




Publicado en:
Cyber Humanitatis Nº 23 (invierno 2002),
sitio desarrollado por SISIB Universidad de Chile 2002
ISSN 0717-2869


La publicación en papel y con más poemas está en:


© Carlos Barbarito 2002

Puntos de fuga.
Prólogo de Héctor Sommaruga.
Colectivo Zona Alta, Nro.12, Toluca, México, 2002.

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