CARLOS BARBARITO




piedra encerrada en piedra

dibujos: nessy cohen





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              Ediciones Hespérides,
            La Plata, Argentina 2005

Edición en formato pdf  (aumentada)
Palabra virtual, México/Buenos Aires, 2004 
Diseño de portada, maquetación y coordinación general: Blanca Mateos
Ilustraciones de portada e interior: Nessy Cohen
Prólogo: Héctor Rosales

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Y que ahora la noche se me haga del todo negra.
Que la noche me resulte demasiado oscura para ver del futuro.
Que lo que haya de ser, así sea.

Robert Frost

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                                        nessy cohen

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(Luego de leer una biografía de Anne Sexton)


No sé –¿nadie sabe?- qué cosa
es la locura, de qué color es,
con qué está hecha (fieltro,
alumbre, melaza). Sólo sé
que puede acostarse con todos,
incluso, aunque se crean a salvo, con los amantes.
Tal vez -¿quién me dará una respuesta?-
sólo sea posible cerrar los ojos,
pensar en un niño con un globo,
ser, por un instante y hasta que se acabe el aire, el globo,
volar, libres, allá arriba,
lejos del niño que, abajo,
solo en un patio grande como un mundo,
mira hacia el cielo y llora.

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2





Dije amor, única instancia
cuyo fermento al aire no horroriza.
Dirán momentáneo reflejo
en el agua quieta,
en la pared que el musgo no protege.
Pero, de todos modos, ¿dónde?
¿Arrollado
bajo la tierra,
caído en el pliegue
de ningún sueño,
apenas baba de las cosas,
escena de arte de belleza
que se representó una vez,
pasó y ahora es sólo pez que desgarra
el frágil mar de la memoria?

o

3





Camina, el viento sopla en contra
y, desde lejos, una risa lejana, de niño o mujer.
No hay nombre
para ese árbol que se inclina,
para ese espejo donde poca cosa se refleja,
para ese grupo de cañas requemadas
que constituye, al cabo de las horas,
el único paisaje. Más tarde, en la casa,
echará, como cada día, una leña a las llamas,
que creerá, como siempre, la última;
antes, a mitad de camino,
trazará sobre el pavimento
una línea de tiza
que tal vez no sea digna
de emular el rastro del caracol
hace mucho borrado por la lluvia.
Mientras, las nubes adoptarán muchas formas,
pero ninguna la de su propia cara.

o

4





Una y otra vez procuré,
sin fortuna, obtener descendencia:
de una sílaba perdida,
de un tallo enroscado en otro tallo,
de una pluma llevada por la brisa.
Poco hubo, apenas esto,
una casi inaudible respiración
al otro lado del muro,
un nido pequeño, desarreglado y vacío
entre raíces desparramadas sobre la tierra.

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5





Garabatea vida
sobre una pared despintada;
abajo, el agua inmóvil
que nunca desgastará la piedra.
Invierno, a cada golpe de viento
se repite la imagen de una casa que se derrumba.
Se arropa y no deja de estar desnudo.
Se desnuda y no deja de estar cubierto.
En la madera, una costra.
En el suelo reseco, restos de fuego, astillas.
Y en cada cosa vista o tocada,
el eterno e invencible misterio
que une la palabra cristal con la palabra hija,
se quiebra, los fragmentos se dispersan.

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                                                       nessy cohen

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6





Hubo, se hizo, se dijo.
Oyeron, respiraron,
sintieron, durmieron, despertaron.
Hubo gravidez, frutos,
silencio, bordes, alimento.
Y fluir, corteza, danza.
Estuvo la inocencia y pasó.
Se oyó un gran ruido
de estrella rota en el centro.
Luego sal, ramas afiladas,
charcos, arena, sombras.
¿Qué envejeció sino el mundo?
¿Qué mundo surgió
sino una tenaz sucesión de residuos?
Entonces, ¿volver a escribir el libro
con lo que quedó, éter
o niebla, oquedad,
figuras sin nada que las lubrifique?

o


 

7





(A Stefan Beyst)

 Ambarina, sustancia de miedo y pena.
Fluye, lenta por lo espesa,
desde el fondo más oscuro y secreto.
Mojará el suelo, el asiento fugaz
que llamamos la vida
y en el que nadie está nunca sentado.
Huele acre, olor de un animal
que huye de otro
bajo finas y filosas ramas
o huye de si, de su propia sombra.
Hay un espejo pero queda del otro lado.
¿Hay un espejo, un poco de agua,
un cometa nuevo y sin nombre todavía,
el perfil de una palabra,
una cópula entre la voz y su eco?
Nada reposa. Ni el reposo.
Todo gira, vibra, tiembla,
sufre de periódicos estertores,
todo se oxida, se ensucia,
padece dolor en el costado,
desea y no se sacia,
se sacia y duerme y sueña que desea.
¿Quién beberá ese líquido,
cómo será su sed,
tendrá otro rostro que no sea éste,
el mío, el tuyo, el de todos?

o

 


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Cierro los ojos y el mundo muere.
Sylvia Plath.


Cantan los sapos en el jardín del vecino.
Se aproximan nubes negras, pesadas, muy lentas.
Lloverá y el mundo entero
quedará sepultado bajo el agua.
Los sapos lo saben - con su saber de sapos -
y cantan de un modo distinto, grave.
El resto, las demás bestias, los hombres,
lo ignoran, unos comen lo que encuentran
en la hierba, en las grietas de los muros,
otros se sientan a mesas con manteles a cuadros
y tragan cada bocado casi sin masticarlo.

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                                                nessy cohen

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9





(A Hilda Paz)

Está en la sangre, en la piedra
que resbala por la sangre, en
lo que se supone libre,
en lo que se cree a salvo.
Agua que contiene la cabeza
del cordero, todavía
sangrante. Ancha,
insomne, se tiñe de rojo,
rojo casi negro.
En el centro de lo dado,
en un extremo de lo negado:
clavo en la madera,
aguijón con culpa por su punta
y, sin embargo, muy profundo
en el hueso, en la carne.

o
 

10





Muerte, te traigo regalo.
Te ofrezco pulpa, jugo, racimo.
Te doy belleza, bálsamo, primicia.
Tiene que haber algo allí adentro,
inmóvil o en tránsito,
y algo para alcanzarlo,
una plomada, una sonda.
Cáscara o tesoro,
pasión o almohada;
lo que cae lleva ansia,
lo que sube no encuentra
relámpago, consistencia.
Vida, ahora veo ramajes,
algodones, ácidos, nubes.
¿Quién te habita,
quién supera tu cifra,
tu límite, el breve y flaco dios
que te habita, solo,
a mitad de camino
entre la consunción y el fracaso?

o




 

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(Cecilia Gallerani)

Un sólo fósforo podría alumbrarla,
pero ¿qué luz? En sus brazos,
animal de magia y caverna
(deseo y temor.)
Un solo fósforo
podría revelar el secreto
del matrimonio
entre lo que está arriba
y está abajo,
primer paso hacia el oro,
último paso hacia el sueño
más puro.                  
                        Sí,
pero ¿qué luz?

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                                         nessy cohen

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¿ De quién la pulpa de la fruta
cuando pende sin testigos de la rama más alta?
¿ De quién el día perfecto, la noche exacta,
el círculo, la piedra sin falla,
lo inexpresable, lo último y más secreto?
¿ Quién es señor del agua,
patrón del fuego, capitán del aire
cuando es viento contra los árboles?
¿ Y este perro que ladra a la belleza,
que muerde su espesor y su sustancia,
este hombre que siembra en el barro,
descalzo y solo bajo un sol indiferente?
¿ Qué somos cuando sólo hay sal y sangre,
sombras de bromo en largo cortejo,
luces submarinas, frágil paraíso que se disipa?

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¿Qué fuerza ejerce sobre ellos su influjo
mientras soplan desde abajo cierto incienso
hacia un cielo remoto, inmutable? ¿A qué
perdido sol veneran, casi desnudos?
Sienten miedo, a sus pies la tierra gira caótica,
ante sus ojos la muerte adquiere forma de llama
y el fuego toma arbustos hacia Orión,
el núcleo, Pennsylvania.
(¿Cuánto mide y pesa ahora el mundo,
ahora que ninguna pregunta es pertinente,
ninguna respuesta, satisfactoria?).

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                                            nessy cohen

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(A José Basile, in memoriam)

Ahora es sólo tiempo,
la torpeza de la carne
abatida sobre su propio,
incongruente, irreflexivo deseo.
Si pudiera girar la llave
encontraría del otro lado
piedra encerrada en piedra.
¿Sostiene la tierra su pie,
la ladera cortada a pique
contiene su silencio,
la mancha en su costado ciego?
Ahora, lejos, el carnaval de lo ficticio,
el pacto de la rama con el musgo,
la monodia de los vivos
ante una esfera descarnada.
¿Qué ve, qué se imagina,
más allá de si, azares, destinos?

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                                                       nessy cohen

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La Plata, Argentina 2005
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