CARLOS BARBARITO


pez de la tierra






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o





















A María.
Al poeta Euler Granda.
A Raúl Gustavo Aguirre, ahora bajo la paz
de los más grandes árboles.





In Solis sis tibi turba locis.
Tibulo.

o






PALABRA ROTA


Estoy estigmatizado por una muerte apremiante en la que para mí la muerte verdadera no lleva terror.
Artaud.

Nos estamos muriendo.

Andamos por la densa niebla tocando la última
cuerda de un violín que nos pertenece, solos entre
inmensos carteles de angustia, creyendo hablar o
besar cuando en verdad agonizamos de espaldas
y sin remedio.

Mientras el vinagre fluye, y el ácido fluye, y hasta
el veneno, atados a un adverbio, a un alfiler de corbata
morimos. Ciertas manchas, de polvo o de fósforo,
cierto harapo de riguroso lunes, cierta hebra de morfina
necesaria, nos arrastran aunque estemos durmiendo y
nos ponen desnudos ante el destino.

Morimos de sellos, de eternos dolores morimos, de
palos y concilios morimos, sin mares lunares, sin pájaro
en el hombro, sin una línea de garabato. Qué manera de
estarnos muriendo. Rueda de miseria dentro de rueda.
Orfandad y silencio.

El día pesa como difunto en las espaldas y hasta la
Filosofía es un niño que llora arrodillado en las puertas
de la tierra.

Nos estamos muriendo y nada de Lázaros.

o






PALABRAS EN LA NIEBLA


Nos matamos porque un amor, cualquier amor,
nos revela nuestra desnudez, miseria, desvalimiento,
nada.
Pavese.


Leo en la sangre de los suicidados.Sergei,
Cesare, Vladimir, ¿qué de ustedes ahora,
qué del mar sin sus ojos? La barca de amor
se estrelló contra la existencia. Está escrito.
Que el ángel nos diga cuál ha sido
la falla de nuestros corazones.

Leo en la sangre: interminable noche la
del alma. Poeta: lo más secretamente temido
sucede siempre. Oigo
los ruidos del silencio
y miro temblar la última página, al pie
de la más amarga de las galaxias.

¿Qué de ustedes,
qué de nosotros? El pájaro detuvo su vuelo
en el terrible instante del relámpago.
Bajo las uñas de los muertos
la desnudez, la miseria, la nada.

3 de setiembre de 1983.

o





PEZ DEL FOSFORO

Pero ya es tarde, cada vez más tarde.
Montale.


Me dice que llueve en Plaza Francia
y recuerdo que alguna vez anduve por su silencio,
como una sombra entre las mil sombras del crepúsculo.
Un golpe de viento contra la puerta
me llamará por mi nombre más secreto
hasta que quede polvo de mis huesos.
Me llamrá sin otro propósito
que el del pájaro sombrío
que tira del hilo de la vigilia
y recoge voces y arpegios
sin atender garganta ni guitarra.
Entretanto, en la Plaza Francia
siguen resonando mis pasos
y alguien extiende el portulano
para escribir más allá de lo visto
aquí sólo hay oscuridad.

o





TEATRO DE LIRIOS


Dice la amo. Dice su mano es un pájaro, un ala, un ala de pájaro.
Y dice también sólo ella es capaz de entrar a mi alma con una lámpara.
Su amor es tan grande que si no fuera el que es, aún así la amaría.
Si fuese Vincent van Gogh haría de su cabeza un cielo revuelto, de
sus ojos dos soles revueltos. Si fuera un vagabundo dormiría con ella
bajo los puentes, los dos envueltos en hojas de periódico.

Dice la amo y hasta llora, toma el hueso de ella y lo hace sostén y palanca
del universo, mira el mundo y es como si fuese la primera vez, o la
última.

o







CARTA


Yo conozco sólo tres palabras para expresarme. Tres palabras
para decir me duele tanto el pecho o nunca maté un pájaro. Qué
poco y sin embargo, cuánto. Qué forma de llevarme el bocado a
la boca, de llorar por un amigo muerto.

Tener una mano para agarrarme bien fuerte el vientre y otra
para acariciar una estrella. Dos pies para alcanzar las más lejanas
cisternas. Tener, en fin, un ojo para el asombro, otro para el amor,
otro para el alba.

Digo: si el mundo fuese de pan. Si el mundo fuese un pan. Si
el niño que me mira en este instante hablara en sueños y tuviese
la espalda de cristal. Si el niño que hoy me revuelve los cabellos no
fuese hijo y padre del dolor, hijo y padre de la miseria.

Yo conozco sólo tres palabras para asir lo inasible, para vivir
mi vida y morir mi muerte. Para entrar en lo que sangra, en lo
que tiembla, para que no se me quiebre el alma y seguir atado
a mi garganta, a mi ojal, a mi pañuelo.

Yo hablo desde abajo.

14 de marzo de 1984.

o






EL TRAGALUZ



Ella la de los ojos llenos de sueños ya en la oscuridad

No ha servido de nada que durmiéramos juntos
que juntos oyéramos el lejano pitido de los trenes
no ha servido de nada
ni la lánguida llovizna del otoño
ni el puño de Vallejo bajo el mentón ni mi caminar
por las vías solitarias
ni mi padre plantando rosales en la mañana
mi las borracheras ni la poesía leída en voz alta
como si fuese el más sagrado evangelio
ni los largos cabellos de Rimbaud ni mi madre
tejiendo cerca de la ventana
ni la nieve y los tranvías de Innsbruck
ni el hotelito suspendido en la noche de Venecia ni
la muerte de hantos ni los labios partidos
ni los insultos ni los escupitajos
ni el mar ni Picasso ni Trilce ni la filosofía

No ha servido de nada ni mi lanto ni mi insomnio

El dolor es mucho y llega a todas partes

o





PEZ DEL AZOGUE


Oh bisílabo adiós, eres violento e inexplicable
como la crueldad, y el tiempo no puede contigo,
porque el tiempo eres tú.
Félix Grande.


En lo alto de un barco
el marino observa la costa con su anteojo.
Los acantilados, los árboles, la blanca arena de la playa,
nada escapa a su ojo inquieto.
Cuando quite la lente de sus ojos
habrá muerto en mi silla;
para entonces quedarán astillas de lo nuestro,
algunas fotografías mordidas por el tiempo,
dos o tres cartas guardadas en un cajón,
el eco ya casi inaudible de lo que nos dijimos
la primera noche al amarnos.
Todo se irá perdiendo en las sombras,
y el batir de alas de las gaviotas,
el ruido de las olas contra los quejosos maderos,
el óxido del hierro del farol oscilante
sobrevivirán en la memoria del mundo
a nuestras prolongadas caricias.

o





Un hombre hablándole a su propia sombra.
Un lagarto en mitad del sueño de un niño.
Un papel donde alguien escribió Hoy desperté y no me encontré el corazón.
Otro hombre con la manos en el rostro, sentado en un retrete.
Una mujer con cuerpo de avispa, con ojos de avispa.
El vacío, la oscuridad, la nada.
El segundo antes de la ejecución, del suicidio.
La orfandad, la miseria, las sirenas en plena noche.

Hay un infierno y está en este mundo.

21 de mayo de 1984.

o





...Y de ellos no queda sino silencio.

Oscuridad sin límites.

Huesos desnudos,
expuestos al ojo helado del coleóptero,
al insaciable apetito de la lluvia.

De ellos no queda sino pena en los vivos.

En los que pasan,
y claman,
y tiemblan cada vez que el viento dice mañana...

o






MISERIA DE LA POESIA


I

Tiene hambre, está sentado en el suelo,
revuelve la tierra con un palo,
se lleva cáscaras a la boca, pellejos, huesos;
un perro le lame mansamente las costuras del alma,
le entra panes y peces a sus sueños.

Matarán a ese perro.

1983.

II


¿Qué de tu corazón,
partido de soledad, dolor y rabia?

¿Qué de tu alma, de tu blanca y leve alma,
si te llevaron hasta el aire, hasta el agua?

¿Qué, en fin, de tu destino, de tu nombre y de tu flecha,
sin pájaro en el hombro ni espejo en que mirarte?

o






PEZ DE LA TIERRA


Yo soy el ahogado de las tierras.
René Crevel.


Contemplador de estrellas en Jagüé,
tañedor de alongadas flautas bajo el cielo de Malanzán,
alquimista en Carrizal,
ahora barco de huesos y nervios y sangre
en las oscuras aguas del Vinchina,
con los ojos desmesurados y la boca partida,
girando en los veloces remolinos,
golpeando una y otra vez contra las rocas,
sintiendo apagarse en su cerebro
la última llama de la vida.
Una silenciosa despedida a las nubes,
a las criaturas del aire y del polen,
un relámpago en la distancia
y luego la noche,
noche más cerrada que la noche,
hilos de algas enredándose en sus cabellos,
nada que pueda ser recordado,
ni una estrella en lo alto,
ni piedra de filosofía ni melodía alguna en el viento.

o





REGRESO A TU SEXO


Regreso a tu sexo.
Cifradas la vida y la muerte,
a lomo de perro, de buey hambrientos regreso.
Dios pende con su soga al cuello,
allá arriba, de la penúltima vértebra.

Regreso a tu sexo, al número infinito,
a la Roma eterna del muslo,
el que pare el origen, el fin de los mundos.
Regreso, estrechado en dolores,
por la vía única del hueso,
por los espejos de la sangre y del polen,
tañidos ya los siete hierros de la miseria,
las orfandades.

Pasa la sal del siglo y me nombra.

Pasa el caballo con su ojo y me nombra.

Sueño. Resplandor del fósforo. Silencio.

o







PINTURAS


Giorgio de Chirico, El Gran Metafísico

A quién si no veo a nadie, cargo con la
piedra de nadie, respiro dolorosamente
de nadie el pesado aire y es nadie
el que se acerca, llamo
y llamo
y es nadie el que se acerca;
de polvo
los hijos por parirse, de polvo
la tarde que inclina su ala roja, de polvo
la costura que une mi sangre con la muerte;
atravieso
las calles sin tabla ni paloma, para qué
salvación o esperanza habiendo nadie;
si al menos tuviese un lento animal en la memoria,
un mínimo fuego en que quemarme.

o





Francis Bacon, Two Figures.


En un cuarto sin ventanas,
dos deres oscuros,
deshabitados,
se devoran como lobos
entre las sábanas,
ajenos al infinito,
sus prodigiosos meteoros,
sus leyes y principios.

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TRILCE , LV



Vallejo diría que la Muerte está soldando cada lindero
a cada hebra de cabello perdido, que todos los días amanece
a ciegas a trabajar para vivir, que ya no ríe cuando su madre
reza en infancia y en domingo, a las cuatro de la madrugada,
por los caminantes, encarcelados, enfermos y pobres.

Barbarito dice que hoy llueve a cántaros sobre los techos,
que está solo como un perro, que le duele mucho el brazo
izquierdo y aún más el derecho, que ya no besa ni habla en
sueños.

Barbarito dice también que está cansado de usar el mismo
saco y de caminar por las mismas veredas (1), que éste es un
siglo de manos y él no tiene manos, que éste es un siglo de
carne y sangre y él sólo tiene huesos.

Vallejo diría Muerte, miércoles, pena, mucha pena, y
vértebras, y trapecios.

Barbarito dice lluvia, soledad, dolor y hastío.

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(1) Arg. Aceras.





YA ES LA HORE ME DICE EL OJO DEL SUICIDA


es la hora de comenzar el viaje
me dice desde el silencio su ojo amarillo
abierto en un latido entre el sueño y la vigilia
entrarás a la llaga del mundo
al corazón del más largo de los huesos
me dice su ojo el ojo de trakl el suicida
el que está solo con su astilla
el que ya no distingue el caballo de una rosa
el que se aferra a la demencia como un niño a su rodilla
es hora pequeño poeta ya es la hora
su voz me llega como a través de siglos de polvo y lloviznas
viene hasta mí por alvéolos de polen por piedras de ceniza
mientras preparo mi equipaje de viajero en lo último
y el pájaro de alas blancas para siempre me abandona


o





© Carlos Barbarito 1985



Pez de la tierra (originalmente Teatro de lirios),
Primer Premio Edición Certamen de Poesía 1984
Fundación Alejandro González Gattone,
Pergamino, La Fundación, 1985.


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Copyright © Carlos Barbarito 1985


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