CARLOS BARBARITO


el peso de los dias






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.

Copyright © Carlos Barbarito 1995

o







o









Presentación de "El peso de los días",
con Carlos Barbarito y la poeta Dolores Etchecopar

o








¿Qué hay de vida en este refugio?
Poco, nada: espalda contra espalda:
una mano se agita, lejos; en el aire
un relámpago helado, el olor
de un tabaco seco fumado entre varios,
urgido y trágico testamento
de la Especie.
¿Qué hay de luz sino su reverso,
lluvia negra y densa sobre el último
folio de la infancia?
- Por favor,
dicen, una lengua de cordero
por el glande de un niño,
mineros que caven hacia lo otro,
lo prometido y una y otra vez negado-
¿Qué si no la cicatriz, que duele,
en el centro de una materia
por siglos y naciones y mares amada?

o





















Una veleta gira y señala el sur:
desasosiego:
una abeja lucha desesperada,
brevemente, en la telaraña, antes
de resignarse; alguien
levanta la vista
y mira la vacilante luz
sobre la línea del horizonte
(La luz
no tarda en desaparecer,
la oscuridad trae preguntas
que no hallarán respuesta.)
Arriba, remota, una fuerza
hace caer de los plátanos
hojas que al contacto con la tierra
se corrompen, se convierten
en una materia deshonrosa,
inútil.

o






¿Quién fue? ¿Quién
de éstos que ahora mismo
miran con ojos de corderos asustados
la gran lluvia del mundo, matan
o mueren bajo un mismo cielo de antimonio?
¿O fui yo, en un momento de inconsciencia,
de locura, ciego, desesperado?
Hace frío, la noche habla un idioma extranjero,
una estrella consume su propio combustible
y se apaga, un árbol crece
en un país hiperbóreo y da un fruto
inútilmente dulce -.
Está escrito
todo cuanto debiera llover en este día.
Exactamente eso llueve.

o






Perdón para quien llega tarde a la oración
por los ahogados (tal vez
tenga los pies pequeños y el mundo
es demasiado grande.) Perdón
para la que desnuda ante su propia sombra
o no se desnuda a la hora de los relámpagos (tal vez
haya ruidos dentro de su cabeza,
cascos de caballos, ciudades a las que la tierra
se traga.) Perdón
para el animal que no da más
y se echa a un paso de la fuente,
para quien, confundido, grita
a las puertas del infierno
creyéndolas las puertas del cielo (tal vez
la única brújula sea un remolino,
un alocado giro de luces y sombras,
un caótico ascenso y descenso de tambores,
campanas.)

o





No pudieron. No
los alumbró la esperanza celeste
ni la esperanza terrestre, no
hubo para ellos salmón de vida
ni el fuego de lo que se quema
en sueño propio o ajeno.
No
(perros, sólo perros
bajo un cielo remoto,
vacío)

o





Desde la débil existencia
de esponja que somos, una hora se prefigura:
materia siempre blanda
y recién nacida, a la que los picos de los pájaros
sin piedad desgarran.
Temor y temblor de lo que vive
destinado a durar lo que un relámpago.

o







Años y años en la agitación
de las aguas, a punto de perecer ahogados,
salvados un instante antes
por una gracia de las algas,
por el roce de una aleta de pez,
a veces por menos, por cierto olor
emanado del limo, así siempre, pero
¿hasta cuándo?

o






Cava, no lleva lámpara y está oscuro.
Deja atrás, arriba, los ruidos
de los truenos que los ecos multiplican,
la locura del cisne que mata
a picotazos a sus pichones. Cava,
no porque sienta que hay algo allá abajo,
ni porque crea que en su acto
está contenida la salvación.
Lo hace porque el deseo en sus uñas
es más poderoso que la voz interior
que le exige resignarse.
.

o







No hay forma de llegar al océano.
El Motociclista, Rumble Fish.

Desde aquí y hasta donde da la vista,
tierra. Más allá del horizonte
-dicen-
está el mar (el mar:
vasto territorio
de bocas que se abren y se cierran,
horror y embriaguez de abismos, el origen)
- pero,
¿cómo llegar? ¿sobre qué ruedas,
o alas, o espaldas? ¿bajo
qué fe, qué certeza?

o





Está desnudo y tiene el cuerpo pintado.
Debe atravesar una muchedumbre
que ríe, gesticula y repite en trance su nombre,
Anda mientras los sacerdotes le clavan agujas
en la carne. Debes
olvidar que eres un hombre, así
no sentirás dolor alguno.
Te convertirás en otra cosa,
en un dios. Pero
él no logra olvidar lo que es,
lo intenta pero no puede.
A cada pinchazo siente aún más dolor.
Camino del altar que le han levantado,
sufre.

o






(A Enrique Molina)

Atado a una cruz que no es tal,
crucificado a un poste de telégrafo,
bajo la lluvia; su crimen, no mayor
que aplastar un insecto con el pie,
no menor que asfixiar
a un hijo con una almohada.
Se pregunta
por el descenso a cuál infierno:
al de las llamas que no acaban
nunca de consumir al alma
o al de las bocas
que repiten eternamente una misma frase:
Es tarde...

o





Un escarabajo en la harina
Una patita de pájaro arrastrada por el oleaje
Una avispa rodeada por las hormigas
Un papel sucio de tinta
Un nombre oído al pasar junto a una ventana

Estas cosas son capaces de matarnos

A veces morimos aun por menos

o






En plena tormenta, solo.
Arboles sacudidos desde las raíces,
cables de teléfono que golpean
contra las ramas.
(Mientras
camina con dificultad, piensa
en un peñasco arrancado de algún planeta
girando en lo negro y profundo
del espacio.)
Hay
un perro ahogado en el fondo
de una cuneta, un paraguas roto,
abandonado.
(Cuando
el sol se abra paso a través
de las nubes y el viento deje paso
a la calma, todo para él,
qué horrible es decirlo, seguirá siendo
viento y lluvia, no
podrá percibir la progresiva irrupción
de la luz, la lenta llegada
del buen tiempo, cada paso suyo
será , como ahora, un paso más
entre charcos, postes caídos,
colmados desagües.)


o





Arriba, alumbra. Emite
luz de perfección,
de burla.

o









Y es tanto el hambre que se devora
hasta al deseo.
Y por un largo pozo
caen sin final aparente el huevo,
el semen.



o









¿Llamar vida a esto?
¿A este montón de desechos?
¿Hacia dónde entonces?
¿Hacia una masa por cuyas grietas
apenas si entra el filo de un cuchillo?
¿Hacia un oráculo con idioma de lagarto?

o





El topo, ese animal ciego
que cava bajo la tierra
y no sueña porque no hay sueños
en la cabeza de quien nunca ha tenido ojos,
¿no es, a veces, cuando es de noche
y nos paseamos insomnes y angustiados
por un largo pasillo a oscuras
buscando una mano, otra respiración,
la llave de la luz, nuestro camarada?

o






Una figura, de perfil
y en contraluz, repite,
sin que podamos verla, los gestos
de nuestra fragilidad,
de nuestra locura.

o





Recogido todo el hilo
no aparece lo anunciado en el extremo.
Sí una muerte nueva luego de la muerte,
un grano de sal sobre el párpado de lo amado.
...Y lo que debiera agitar las aguas
y bajar por ellas hasta el fondo
para traer entre sus brazos
a los bellos ahogados, gira
sumido en un sueño profundo,
alrededor de un mismo eje de silencio,
de polvo.

o







¿Qué colmillo o pétalo
vendrá a herirnos o a acariciarnos
cuando en nosotros el mundo se haya disipado
y seamos sólo furia inmaterial
contra la carne y el deseo?

o





(Ostende, enero de 1982)

Ni la trompeta del ángel
perturbará el hondo sueño de las grúas abandonadas,
comidas por la herrumbre.

o












Apagaron las linternas y la oscuridad
gana terreno hasta la casa donde se refugiaron.
Lejos y abajo, los cardúmenes
luchan contra cuchillos de sal
en batalla terrible y silenciosa.
Más cerca, maderas embetunadas,
alguien que yace, con los ojos abiertos,
bajo el peso de algún dios
ni vivo ni muerto.

o







No son, a cada abrazo, lo que pretenden ser:
estallidos de magnesio capaces de alumbrar
la noche que los va cercando.
Son más bien música que no alcanza,
y se extravía entre aletas heridas,
la sangre se mezcla con el agua
y en el agua se disipa.

o






Y con la cabeza metida en el agua,
casi ahogado, ya no su boca, algo en él
denso y ciego como un pez ciego y denso pregunta:
¿Dónde el nudo, la fiebre?

o








Quizás, algún día,
repentina aparición arcangélica
en medio de un caos de relámpagos,
de astillas, de gritos,
de agujas, ya no la máscara:
el rostro.

o







About suffering they were never wrong,
The Old Masters...
Auden.

Tampoco Mantegna se equivocó
acerca del hondo sufrimiento de la materia, y
ató parte de su espíritu con un hilo de plata
a una sonda y bajó hasta la cerrada noche
que sobreviene al martirio;
y dejó que el resto soplase
sobre otros cuerpos que, ignorantes de todo,
se amaban.

o







(Un planisferio, Giovanni Leardo)

Al norte, un dixerto
dexabitado per fredo; al sur, un
dixerto dexabitado per caldo et serpentes;
al oeste, oscuridad; al este,
el Paraíso.

o








Toca la carne amada,
siente en la yema de los dedos
la vibración de algo
que lo supera en gravedad y misterio.

o









Un animal de pelaje espeso y blanco.
Lo golpean. Lejos,
un sol se apaga y se convierte
en una piedra enorme y helada.

o





Contra un muro,
un bote enmohecido, una red rota,
el musgo, el salitre.
Aquí, salvados por unas horas
de la impiedad, del frío, de los desechos,
me das todo y no te consumes,
te doy todo y no me consumo.

o







Adelante, nieblas eternas, que
pretenden ser eternas. Alrededor, voces
que instalan silencios, paren
infatigables roedores que mordisquean
el ruedo de los pantalones, los
cordones de los zapatos, los hilos
que asoman de la costura
de la camisa. Piedras solas,
al costado del camino-
eso somos o, al menos,
con eso nos compararon. Y
tal vez sea verdad,
en medio de la bruma,
acechados por dientes pequeños
pero filosos, como piedras esperamos,
¿qué? ¿hasta cuándo?

o





¿Cómo llamarte si no conozco tu nombre?
No importa; algo en mí siente que cualquier nombre,
si bueno, es capaz de nombrarte, así
como cada ola del mar es también el mar
con todas sus olas. Te llamaré
bosque en primavera, animal que se inclina
para mirarse en el agua, destello
en un cielo despejado, escarabajo
que arrastra una bola de barro.Y
también piedad para el que anda entre sombras
extraviado, luz en el fondo
cuando el corazón ya se resigna
a confundirse con lo oscuro.

o





Eso que tiembla al final de la escalera,
en el rincón más secreto del altillo,
es también yo
aunque yo esté‚ sentado a la luz de una lámpara,
en otro cuarto, ante cierta página
digna o execrable. Ese
pez fuera del agua
que sabe que tiene nada más que un segundo
de vida, ese ratón en la trampa,
ese antílope cercado por el incendio,
es también yo
aunque yo haya abandonado la silla
al oírte llegar a la casa,
y ahora te abrace, y ría con risa franca,
y sienta que tu olor es el olor del mundo
cuando la lluvia lo lava.

o





(A Cecilia Pozzi, en memoria)


1

De rodillas, bajo la lluvia. En
silencio, tira del hilo y recoge, seco
y tieso, al pájaro que debiera agitar
las alas y volar. De rodillas
en el barro, a la sombra
de largas sombras
que paren sombras, aún más oscuras.
(Ella misma
una sombra, en el barro
y en el hedor del barro.)
Tira del hilo y recoge
una cáscara negra y dura
que debiera ser piel de un fruto
comido por el amor y el deseo.
Bajo la lluvia, de rodillas,
arriba un dios que parece no verla,
no oírla, ni siquiera conocerla.

o





2

En la casa, un silencio poblado de gritos;
lo que fuera hogar de lo eterno se deshace
y reduce a polvo, lo que fuera hogar de lo sujeto
a mudanza se deshace y reduce a cenizas.
Hubo un mundo hasta ayer, hasta hace un instante.
Ahora, llamas lejanas que sin embargo
queman las yemas de los dedos
que buscan la llave de la luz
para saber cual es la terrible hora en que todo ocurre.


o





3


De aquello que acogiera al mar,
a sus bestias, a las lámparas,
escombros.

o





4

Se extiende mortaja de sal
sobre aquellos que, vencidos, se acostaron
a la espera del fin.
Se
corta el hilo que sostiene al mundo
y cae hacia lo ciego,
lo oscuro, lo que puesto de perfil
semeja tendón de cansancio
y puesto de frente semeja nudo de cansancio.
Pusieron una piedra en el camino
de los que van hacia Amor; la casa
se quedó en silencio y desde el silencio
gritan flacos jinetes y sombras flacas;
preguntan por bocas y responden
cardúmenes marchitos; preguntan por muslos
y responden orillas lodosas,
lejanas.

o





5

Gotea, perfora el silencio.
Canilla que deja caer una gota, sólo una,
por vez y suma con cada gota
una nueva porción de angustia a la angustia
de quien, insomne, escucha.
Esto, y no otras cosas de las que hablan
las Escrituras, me ha parecido siempre
el Infierno.

o





¿Nos salvará lo que hacemos,
lo razonable o lo absurdo que hacemos?
El alma sucumbe bajo el peso de los días,
aquello que pretendemos ligero
se vuelve pesado y cae, las semanas pasan,
y las horas, las lluvias se suceden iguales
e igualmente mojan y ahogan. ¿Nada
nos sostendrá por más que recojamos el agua
en vasos de arcilla y llamemos a los sedientos,
y veamos, o creamos ver, signos de resurrección
donde otros ven ceniza, lodo, nubes?

o







© Carlos Barbarito 1995


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