CARLOS BARBARITO


la orilla desierta








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© Carlos Barbarito 2003




A María y Cecilia.
A Brian y Anna Cole, Saúl Ibargoyen y Mariluz Suárez,
Alfonso Peña, Héctor Rosales, Enrique G. de la G.,
Chantal y Ronaldo Enright, lejos, cerca...


For us, there is only the trying.
The rest is not our business.
Eliot, East Cocker.

o







o





















Esta es mi vida, parece decir la hoja
que cae desde la rama
o la piedra que rueda por la ladera.
Poco: ninguna fe
digna de ser alabada o combatida,
ninguna música de esferas,
ningún cielo resuelto en llamas.
Bajo los pies la futura ceniza
que sobrevendrá a la última destrucción,
la penúltima blasfemia;
toda luz se apagará
y a caballo de las olas
vendrá un pez de cobalto
a morder sin piedad el sexo y los párpados.
La hoja siente a su modo
como a su modo siente la piedra,
pero únicamente quien tiene manos
encuentra blandura en la carne
y dureza en los huesos.
Es verdad: ningún hombre es visible.
El día ya no dura,
la boca ayuna a un lado de la sal;
en la aparente sanidad, abjuración y vileza;
sólo abulia, demora;
aceite que permanece y no hierve.


o






¿Cuál es la medida, la tabla,
el esbozo? En la sombra, el instinto;
en la luz, la herrumbre
que migra de cuerda en cuerda.
Creo, no creo: se peina
en la penumbra, después del deseo y su conclusión;
brevedad, infinito: el agua es confusa,
baja espesa hacia un centro inmóvil,
la belleza se hace y deshace
mientras espío lo que queda del mundo
a través de su última voz, áspera y profunda.
¿Cuál es la cábala, la melodía, el arco
ahora que todo se apaga
y, en lo que cae, rueda y se trastorna,
pronto nadie, pasado, periferia?

Diciembre 24, 1999.

o






Vuelan tábanos sobre la carroña,
sobre lo que fue animal entero,
parado sobre sus patas,
con deseo.
Juegan los niños en un patio vecino.
Ignorantes de la tragedia,
cortan ramas de los árboles,
las hunden en el suelo
recién ablandado por la lluvia.

o





Una larga hora difunde sombra
y a cada minuto un apartado
mezcla polvo de muerte con niebla.
Hay un fruto y aquello que lo infesta,
un juego de opuestos
que descubren u ocultan
detalles de una naturaleza muerta
donde una cosa es igual a otra
y todas valen poco, casi nada.

o





I

¿Dormir y soñar que la carne
se derrite, se mezcla con un agua inmensa
sin olas ni orillas a la vista,
que la razón se extravía en un éter difuso,
ilimitado?

II

¿Pensar que hubo alguna vez
una lengua pura,
a salvo?

o







(A Laura Yasán)

El dolor -una música que se desvanece,
un silencio que se puebla de malos sueños-.
es lo único que sobrevive
después de las llamas frías,
el error instalado en el mundo.
Llamo,
no sé qué se concentra y qué se esparce,
qué erige una casa
y qué se oculta en el baldío,
apenas sé que aquella marca en la madera
exuda una sustancia
que gota sobre una hierba
irremediablemente seca.
Y el aire y el agua se empobrecen,
pierden altura y medida,
un cuerpo y otro cuerpo ya no se ajustan,
se retira lo vivido
con su exceso de cálculo, de derivación,
de deuda.

o






(A Luisa Futoransky)

El mundo entero cabe
adentro de un grano de arroz
y en el chillido de las cigarras.
Basta un ojo medio abierto,
de caballo o perro,
para llenar de terror a los dioses
y a sus hijos.
La ciudad queda siempre en el desierto.
No quiero nada, nada necesito
- digo.

o




Se conoce por la corteza, el rasguño
en la madera, la ola en la superficie:
¿hay hora, día, noche para ir más abajo?
En la orilla, limo
acumulado tras el deseo.
Aves que beben sostenidas en un pie.
Fui hasta ese límite, desnudo y solo.
Pero no más allá,
¿hacia donde todo se repliega
y se oye a sí mismo?
Te ilumino con una lámpara,
te hago blanca cuando debería hacerte negra.
Y bebo del agua de la orilla,
limitado, implume.

o






Si yo gritara, ¿alguien me escucharía
del otro lado de la niebla?
Raro y ancho mundo de cópulas secretas
y públicos crímenes, de sogas,
de tierras quemadas, de calles quemadas.
Si yo diese nombre a lo que veo,
¿despertarían los animales de sus sueños,
cada sombra obtendría perfecta capa de dicha?
Se librará la noche de su destino
y el día de su azar,
está escrito.
Pero, ¿y esta escoria,
esta tabla quebrada vacía de ley,
este perfil oculto tras un deber inútil,
un confuso existir, este pozo
adonde van a dar amor y lenguaje?
Si yo enterrase mi vida en el lodo,
¿qué crecería?

o






¿Es traición el aire que se deposita en la sangre?
¿Es culpa el pez envuelto en papel de diario
y el manojo de hierbas que el animal se lleva a la boca?
Ahora desde abajo
fluye una música de opera que se oxida;
ahora se enmohece un metal de deseo,
la luz pierde su ojo, el ojo su luz.
¿Quién tiene manos,
muerde con sus propios dientes,
se clava astillas para despertarse,
graba el peso de su dolor
en el duro tendón de la noche?
¿Quién entiende al número, al agua,
al resplandor entre las hojas,
al hueco que sobrevine al amor, el amor
y la carroña, a la sombra en el largo pasillo,
a cada ola que golpea,
a cada soplo sobre lo inmóvil?

o





After such knowledge, what forgiveness?
Eliot.

Quisiera ignorar pero no ignora.
Lo que sabe lo hostiga,
lo lastima, lo quema:
...la oscuridad
es profunda, el cielo se abstiene
y deja en amarga libertad a sus criaturas,
en lo profundo no se puede hacer pie
y la palabra se retira en olas
hacia el olvido.
Ya no cree.
O cree apenas en un posible rincón
entre pasaje y pasaje donde guarecerse
por un instante,
acaso en algún futuro breve rapto de felicidad,
momentánea falla en la sólida masa del hastío.
Poco, casi nada.
Le viene a la memoria la imagen
de un árbol de Segantini,
siente que el suelo
lo encadena, abre los brazos,
cierra los ojos,
espera la muerte o el milagro
mientras, alrededor,
los vendedores arman puestos
que llenarán de frutos y pescados.

o






Aquello que trae las nubes
y sostiene cada esfera en su sitio,
también instala lo oscuro.
Se evapora el agua a un paso del molino.
Se disipa el mundo al disiparse la mirada.
A través del ojo de la aguja
algo que se eleva luego de arrojar,
entre gritos, lastre de amor, de palabra.

Noviembre, 21, 2000.

o





Y ya no será de nuevo qué, cuándo, cómo,
dónde, por qué.
Y ya no será otra vez
parirás en el aire,
un poliedro en la mano de un niño,
un niño juega a los dados,
a cada tiro manzana, deseo, libro.

o





Un hombre sobre un puente, una mujer
orinando bajo los árboles
una espesa sustancia de miedo y sueño.
¿Quién nace, se abre paso a través de lo oscuro?

o





Golpeo la piedra, no se parte.
Golpeo y se parte en dos el deseo.
Golpeo y no hay respuesta,
manos y manos, manchadas de musgo,
hollín y herrumbre.
¿Esperar el día,
el consuelo del viento y el polvo?

o









Un fruto perforado a la luz del ojo nocturno
y entre los pliegues,
una bondad que no ofrece respuesta.
Quizás una mosca sobrevuele lo que queda;
yo ahora la aparto de mi boca
y la ola me devuelve confuso
a lo que creía polvo.
Mi hermano ni vino.
Se hiela su mano lejos de la mía
y ningún vertedero o máscara lo sostiene.
Se pudre la pregunta en la orilla desierta.
Se agita el sueño en su inútil pompa marchita.
El viento barrerá los restos.

o





Acaso ya no importe si verdadero
o falso. Acaso dé igual
la hierba o su sombra,
el vientre y la torpe figura
que intenta representarlo.
Acaso ya no quede nada,
ni el borde, ni la herrumbre.
El lento animal no bebe del agua
del charco, el amor no se ensucia
con el puro hollín, la pared
no se agrieta tratando de extender
la casa hasta donde se pasea,
ingrávida, la belleza.
Acaso ya no importa si honrado y vil,
si vertical o desplomado,
si deseo o cuchillo o relámpago.
Por el viento, insepulta, todavía,
la palabra, golpeando
contra negra, alta desdicha.

o






Vivo, muerto,
a través de la tierra hueca,
hacia luz fría, amor cercado.
El deseo sin pellejo,
puesto cabeza abajo.
Hablo, la lengua que uso
no tiene centro, es toda borde,
espera, perro sediento, la lluvia,
a veces ladra,
a veces hace silencio.
Todo vacila, pierde firmeza,
se desgasta al más leve roce.
¿Si niego lo que bebo,
ganaré vida con ello?
¿Si la empujo, desnuda,
contra otros cuerpos desnudos,
y a todos abrazo, y penetro,
se encenderá un fuego
entre piedra y piedra?

o





Ultimo, ineficaz, vivo sólo por el dorso.
Por el hilo del que pende, cerrado, deseo, oscuro.
Un animal pasta donde hubo poliedro puro,
una bestia tosca, transida de tosco apetito.
Ultimo, sin doble, en el doble juego
donde nace y muere, sin nacer, amor, nácar.
¿Y de qué punta, desnudo?
¿Y de qué sol, sombra, hierba amarga?
Por el hueco. Por la víscera, atada.
Por la desnuda, frágil especie
y, en su centro, nada.
Pero una nada-trépano
que trepana y trepana.
¿La pureza profana, la mugre santa,
la mugre en cualquier sábana,
los labios, los dientes, amor,
amor-lobo, lobo y loba?

o







(Thomas Tallis, Spem in Alum)

Confinado a un tomo ciego
abierto en página impar,
pende sobre raíz
a la que no sucede tallo.
Me desnudo, me desnuda,
¿hacia el pliegue último, la piedad en piedra,
la gloria del mundo atada
a una pata de mosca,
arrojada sin más a dios-la ciénaga?

o





(A Aldo Tavella)


Vida, copia de copia:
humo, bruma, adentro,
materia que duerme o agoniza.
En el humo: novela: sombra de uro.
En la bruma, envuelta en red,
un deseo, pez hembra
con ojos hinchados y ciegos.
Hubo cuerpo, carne,
recinto de único amor o malaria;
hay ironía, deseo en péndulo,
belleza inclinada, caída
sobre su propio y obsesivo repique,
luz que alumbra con oscuro un dibujo,
provisorio, asimétrico.

o












Pende sobre un suelo seco.
Agotados ya el aire altísimo,
la promesa de ventura,
la luz del sol en el agua trémula,
la hora del blando pie entre raíces,
oscila, abajo la tierra
sin anhelo ni nutriente.
En su cabeza, ahora,
se juntan, en una sola masa de indiferencia,
olas de pasado y de presente,
y lo que debiera ser súbito, urgido, deseoso
se resigna y abstiene de todo movimiento.

2 de abril, mediodía.

o









Polvo sobre polvo en un Libro que vacila.
Queda el hueco y al fondo, ¿todavía?,
árboles cabeza abajo, aves cabeza abajo,
lluvias raras sobre naciones olvidadas,
una esfera rotando sobre su propia ebriedad,
su propia locura.
¿Y si voláramos, si durarámos siglos,
si encontráramos bajo la arena la palabra,
si diéramos con la fórmula, la llave?
¿Y si nos penetráramos de lado a lado
sin el más mínimo sufrimiento?

o






DOS

o










Un instante de impudor y el pie descalzo
que exhibe una mancha hasta entonces secreta.
En el agua veloz,
el reflejo de un muslo, una espalda.
La claridad lunar sobre alguna pared blanca.
A la luz, una mutua confesión
de sed, que encuentra correspondencia.
Luego, de nuevo, la irrupción del mundo,
que a todo torna desposeído,
velado, culpable, exiguo.

o







Aquella que torna bebible al agua
participa en color con aquello que la enturbia.
El amarillo es también el betún de Judea.
El día aporta múltiples senderos,
donde se suceden los extravíos.
La noche se puebla de obras menores
-alguien enciende una vela
y supone con ello mitigar su miedo,
alguien saca un collar de una caja
y se lo prueba, alquien, en fin,
se sienta solo junto al fuego-.
Es fácil imaginar el verano.
Nadie puede imaginar el invierno.
Es en invierno cuando
la tierra se desviste, y la inocencia
ya no madura, si algo madura
es para irse con el viento,
y la hija se muere
y ya nada ni nadie anhela, reposa, consuela.

o








TRES

o








La sombra hace tierra verde quemada.
Leonardo.

El pie cede en el barro, se hunde
por su peso bajo un cielo siempre nublado.
Cada palabra en su estuche.
Cada pájaro en su jaula.
Quien habla asperja agua en el Océano.
Dice:
...ni pez en la marea ni demonio ni lágrima...
Agrio papel en lo agrio;
el fuego es frío cuando ya no se sueña;
alguien muere creyendo
que el viento o la luz restañará sus heridas.

o








(Leonardo)

I

Nitro, vitriolo, alumbre,
sal amoníaco, mercurio,
sublimado, sal gema, sal álcali, sal común,
alumbre de roca, arsénico, sublimado,
regaljar, tártaro, oropimente, cardenillo,
pez (cuatro onzas), cerca virgen (cuatro onzas),
incienso (dos onzas), aceite de rosas (una onza),
cuatro onzas de pez griega, aceite de rosas (una onza),
sal hecha de excremento humano quemado
y calcinado y hecho heces
y secado al fuego lento.

II

Negro, amarillo, verdoso, en el azul fino.
Negro en la sombra, y blanco,
bermellón y laca en las luces.
Rubíes de Rocca Nova o granates,
un onza de negro mezclada en una onza de blanco.
El yeso disuelto en vino.
El agua de mar filtrada por fango, por arcilla.
Papel para dibujar en negro con la saliva.
Humo de candela, capa delgada de plomo blanco,
polvo de agalla y vitriolo,
laca, cardenillo, sombra para el azul del aceite.

o
dit is 28




¿Será plano el mundo, acabará
en un abismo en llamas?
Hasta donde da la vista, montañas de hojas secas.
Aquí, donde no conocemos y apenas sospechamos,
bandadas emprenden el vuelo
y, abajo, la pava hierve
con un vano sonido
que no quedará en la memoria.
Tal vez ya sea demasiado tarde
para que el viento se lleve la hojarasca
y desde el agua en ebullición
provenga una indeleble música de esferas,
aunque las bandadas en su viaje
comprueben que no hay tal abismo
y al regreso píen, trinen, gorjeen la noticia.

o






Polvo es la serpiente
como polvo es el ojo que la mira.
Yo no escribo esto, me lo dictan.
Bajo capas de arsénico, este fruto
que todos muerden sin sentir el gusto.
Yo no escribo esto, me lo dictan.
¿Qué lugar es este lugar,
qué cuerpo es este cuerpo,
dónde quedan el revés del relámpago,
la luna decobre, mi propia muerte,
las lluvias de panes y peces?
Yo no escribo esto, me lo dictan.

o






Hacia lo sumergido va el día,
como la noche va hacia los muros pintados,
el falso giro de la llave, la ceniza sin descanso.
Hasta el viento deja de soplar en alguna hora.
Hay, sin embargo, un reflejo que no cede,
un brillo de luz en la quieta superficie
que persiste más allá de los últimos corredores,
los postreros abrazos de los que se aman,
el desesperado demasiado tarde de los que mueren.

o





Detrás de lo que irrumpe, ¿algo,
alguna cosa, un mínimo objeto,
una pequeña piedad o dádiva?
¿Debajo del hielo, pulpa nutricia?
¿Cálido jugo derramado por el amante
capaz de reavivar el agotado ciclo
de los tubérculos?
Anhelo.
La pala revuelve el suelo seco.
La mano agita las profundas raíces
para que respiren, griten.
¿Qué sangre busca ahora el corazón?
¿Qué da en su eco y sombra la existencia
cuando la bestia huye de las llamas
y lleva nuestro rostro como máscara?

o





En el hueco, donde todo y nada cabe.
En el lento flujo del aceite de extremo a extremo.
En la viga bajo el agua.
En lo que cruje de noche.
En la madera a la que alumbra otra forma de lo oscuro.
En el diseño ilusorio, la llama que arde ante un muro.
En cuanto no está, en el humo.
En esa tela que se pliega como se pliega el cielo.
En el último sentido, después de crueldad y polvo.
En los escombros de los días.
En los residuos de un deseo antiguo, bruñidos y caballos.
En un teatro lunar, vacío.
En quien está sólo acaso para enumerar: casa, puente, fontana, puerta. (*)

(*)Rilke, Elegías.

o






¿Cómo dormir o despertar
ante este fuego que arde sin humo
y este humo por ningún fuego producido?
Quien huye no come.
Quien no huye come con las manos.
¿Qué contiene y no despoja,
hace cierto el horizonte,
desentierra la rama
del fondo ablandado por la lluvia?

o





Parto, sin mujer:
nace de cenizas en una pala,
de hora sin remate, inconclusa,
de tañido despojado
de cuerda y médula.
Filo de sangre casi sueño.
Sueño de cabra
bajo una noche boreal.
¿A quién se asemeja?
¿Hacia dónde de sí
las hojas, al viento, dispersas?

o






Los padres mueren. De una muerte
de peste de fruto, envueltos
en las mismas sábanas en las que nacieron.
dentro del último sueño, polo
abierto y marca en el nudo del viento.
Así se adensa el mundo.
Así se cumplen en frío mapas y estrellas.
Mueren mientras, en Delft,
gotas de sangre, hez de vino,
polvo de diamante, esperma humana
y de ratón, ojos de mosquitos,
telarañas, branquias de tritón
siguen revelando su mínima, infinita vida
a un micrógrafo que ya no tiene ojos.
¿Despertarán en otra parte?
¿Adquirirán nuevos rostros ysentidos
más allá de estas arenas,
se abrirán ante ellos
las piedras, la espuma?
Se sumergen desnudos en seca belleza.
Se llenan de cansancio, de bromo.

o






(Nico, Velvet Underground)

Es más de lo que es,
respira aire más allá del aire.
Lo sabe: árboles infinitos
en un solo germen,
abejas de los despojos de un león,
pasión de la lluvia
cuando moja montones de hojassecas.
No lo sabe: ¿qué desastre preludia
tanta ávida, frágil inocencia,
furioso caracol sobre la tierra dormida?

o





¿Es ella, la que oye voces,
habla en sueños, mezcla dos levaduras
de las que, surge,
por mutuo contagio de calor,
confusa, la vida?

o




El día huele a pan acre,
muere en la noche, ciego, incompleto.
Falla una cifra en su centro,
deja de girar la esfera,
habla el perro con lengua de perro
y muerde cada hierba fragante.

o





Hubo un mapa con leones y paraísos.
Hubo un límite en llamas para el océano.
Hubo bestias de dos cabezas.
Hubo éter, flogisto, calórico,
Fuegos de San Telmo, lluvias de sapos,
mujeres que orinaban de pie,
piedras parlantes, cometas asesinos de gatos.

o





A los niños se los devoran los perros
-dijo.

o





¿A qué atribuir que aún esto sea,
agua en reposo y en fermento,
fritos maduros, muslos húmedos,
bajo el suelo, pequeñas bestias ciegas,
al sol, playas que se extienden o menguan,
escualos, caballos, visiones,
piedras, quimeras, el oro, melodías?
Acaso todo se deba
al niño que juega a los dados,
al que come en silencio en un asilo,
al que tiene los pies sucios
o al que entierra un palo en el lodo,
y el azar, la orfandad,
la suciedad y la lluvia lo ignoran.

o






Vivo, ¿liberado de la muerte?
Muerto, ¿liberado de la vida?

o





Tengo yo que enjuiciar el mundo,
que medir las cosas.
Wittgenstein, Notebooks.

A esta hora el tiempo se curva
más allá de cualquier palabra.
El deseo, con su pala,
recoge escorias, ¿el amor?, residuos.
El idioma se quiebra
y produce astillas, todo lugar
es el lugar, ningún lugar.
Belleza torpe, deshecha.

o





Apenas sucio, apenas limpio
y aún sin nombre, áspero.
Lo siento en lo que bulle,
en aquello que de tan fugaz es eterno.
No mera voluntad,
madeja de fuerzas
como cuerpos que se reúnen.
afiebrados, y juntos
conforman una única respiración,
de lado a lado,
a orillas de la Obra.
Disuelve, coagula,
espuma sobre un animal todo ojos,
relámpago puesto para durar
sobre lo que por orgullo no se extingue.
Reverbera, desnuda,
resplandece: ¿qué lo conforma,
qué lo salva, contra qué materia
o soplo se apoya?

o





La ceniza desciende
sobre los techos.
Quien ya no espera se ensucia,
y no lo sabe, como tampoco sabe
que hay un pez en el abismo
y hay un niño que lo sueña,
y que por ese sueño el pez fosforece.
Una rama de enebro arde
sin fuego aparente,
se queman el amado y el amante
que por una terrestre voluntad
al océano son empujados.
No lo sabe.
Incubos, limones, sepias,
piedras pulidas, alcanfores,
la memoria, la luna, el azar.
No lo sabe.
Se ensucia, días tras día,
la ceniza y él
ya son una sola cosa,
y no lo sabe.

o





(Wittgenstein, Italia, 1918)

Viento y aguacero:
por una senda lodosa camina,
lleva capote, botas hasta las rodillas.
El mundo no puede ser esto -piensa-:
la guerra, la tormenta,
el estruendo de los obuses,
los muertos que se apiñan,
entras las ruinas, al borde de los caminos.
El mundo tiene que ser otra cosa:
la lejana piedra enmohecida
de la catedral de San Esteban,
la aún más remota voz de la hermana
que quizás corte rosas a la luz
del mediodía, el mar visto en sueños,
el silencio que se extiende
a partir de la última palabra,
lo que no se entiende y se abandona
y entonces surje a los ojos
como un cuerpo desnudo.

o






(Mi Valéry)

1


No hay figuras, hay palabras.
Y aquí despunta tanto el misterio
como el vicio que, para siempre, somos.
Y somos orgullo, pero de llave
que cree abrir y se mienta a sí misma
y miente al que la usa.
No hay cabal
comprensión, resuelta
nebulosa de géometra,
hay estigma, sinrazón, magia
que falla en el instante
de extraer flores del sombrero.
Quizás haya algún tipo de nobleza,
de fe, pero torpe y ciega,
animal pequeño que teme al fuego
y no huye, permanece
con los ojos fijos en las llamas.
Tal vez haya una piedra luminosa
en el otro extremo de la soga.
Un mar más o menos puro.
Un esbozo de cuerpo, al menos,
y no una sombra.
Palabras,
sonidos que se oponen
unos a otros, que pugnan,
que chocan unos contra otros
produciendo chispas,
o se funden, copulan,
tienen precaria descendencia.
Acaso sólo sea esencial la oscuridad
y no la luz, el devenir
y no lo que guardamos entre las manos,
lo que abandonamos a un costado,
residuo, aserrín, viruta,
lo que se calla y no lo que se habla,
lo extraño y no afín,
el casco que golpea la grava
y no la música, o lo que creemos música,
que al ganar el alma pierde la carne.

o







2

Pero, ¿qué es nuestro, verdaderamente
nuestro?
Tiene
que haber algo más allá del silencio,
el olvido, el manto de cenizas,
los restos que arrastra el agua de lluvia.
Algo más allá del frío,
del ripio, de la fatiga,
de la fiebre sin mal aparente,
de las lágrimas sin objeto
ni razón.
Ahora,
mientras afuera hay tormenta
y el viento sopla,
me pregunto, te pregunto:
¿hubo un tiempo en que fuimos
actos y formas, cuerpos nuevos,
seres mezclados por el azar,
entre fluidos y vértigos?

o





3

Que se comprenda o no,
no importa. Que
se entienda por límite
lo que es superficie,
o viceversa, no importa.
Que sea infiel,
esquivo, contradictorio,
incierto, no importa.
Críptico, escondido,
pendular, oscilante,
que en vez de hablar gima,
murmure, tartamudee,
sea ininteligible,
incomprensible,
tarot, hechizo, conjuro.
No importa.
Que exorcise y no medique,
fermente cuando todo le exige reposo,
contenga y no expulse,
expulse materia ambigua,
indeterminada,
no importa,
¿Importa la náusea,
el relámpago, el horror,
el caos, el desierto,
el error, la demora,
la prosa, la lastimadura,
la fonética?

o





4

Mañana, una estrella
alumbrará para sí misma.
Todo lo escrito se borrará.
Ningún remedio sanará
porque será un mal sin causa,
todo efecto.
Quien
coma encontrará
salobre el pan y amargo el vino.
Polvo sobre la mesa,
en el suelo, en las paredes.
Moho.
Pensará vanidad el animal acostado.
El cobre será cobre
y no amor, soplo, chispa.
Mañana uno de los dos se quedará ciego.

(Noche del 15 de abril, 2002)

o





Enterrarán al niño.
Leerán salmos de un libro
de hojas de fino cobre,
cantarán otros niños
un canto triste,
despeinados,
las rodillas sucias.
Nadie sabra qué
causó su muerte,
culparán al frío,
al olor del alcanfor
que llevaba en el bolsillo,
a la palabra jaspe
que nunca conoció,
a algún pan
tirado en un patio,
cubierto de insectos.
Lo enterrarán dentro de un rato,
mañana, dentro
de un año, de un siglo.
No le cerarrán los ojos.

o





(Fabio Herrera, tres dibujos)

(Figura, 1986)

Abandona el sueño para entrar al día,
cierta calaridad pura al final de un pasillo,
ante el ojo, el polvo en el aire,
el aireapenas en movimiento,
la ventana y, más allá, charcos, ramas...
En alguna parte, lejos,
oscuros y secretos sacrificios:
pequeñas bestias arrojadas a las llamas,
niños abandonados bajo la lluvia.
El agua ahora refleja un eco antiguo,
moja la mano, los labios;
regresa cada cuerpo de su sombra,
cada sombra de su borde,
afean el sabor de las frutas,
empañan los vidrios,
dispersan lo recolectado.

o





(Pensamiento, 1995)

¿Y este insecto atrapado en el ámbar?
¿Qué agua ancha cruzar para demoler
el tiempo, su evidencia? ¿Qué
consuelo encontrar en el ajeno temblor,
el ajeno deseo, bajo esferas, bandadas?
¿Y este dios caído entre hojas secas?
Los pies se hunden en el suelo blando,
luego de la tormenta, arriba,
el cielo, que no se despeja.
En una pizarra, marcas apenas legibles.
Aparece el sol, ilumina una mínima porción,
el resto, sustancia que no circula,
permanece quieta, entre piedra y piedra.

o





(Figura, 1993)

Queda astilla de piedad, polvo
de gracia, fragmento de un ala, casi ciega,
metal que no imanta, voz
que huye hacia abajo,
donde se retuercen, aisladas, las raíces.
¿Quién vive? ¿Quién
es visible, tras sábanas,
trasiegos? ¿Qué
alcanza brote, pulpa?

o






¿Aquello que torna bebible el agua
participa en color con aquello que la enturbia?
¿Es el ocre también el betún de Judea?

o





(Andrea Vesalio, Padova, 1538)

Corta materia inmóvil,
inútil eco de antiguo, ardoroso amor
entre raíces. Corta
como quien siente piedad
por un animal enfermo,
por una hoja que cae
como caen un astro, la inocencia.
(En un espejo remoto
se refleja, todavía,
el desnudo perfecto.)
Corta un dolor que persiste
después del corte,
impregna el metal, la mano,
más allá del cuarto, el suelo, las piedras,
más allá del mundo, esferas
tan improbables como puras.

o















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