Carlos Barbarito






PaLAbras de presentación DE "La luz y alguna cosa"


Después de años vuelvo a hablarles a ustedes. En todo este tiempo apenas si leí poemas en alguna parte y envié algún que otro escrito a alguna revista.

Poco, en apariencia. Pero, deben creerme, mucho fue lo que hice retirado en mi claustro. Sobre todo, amigos, tejer hilo a hilo este entramado que es el libro que esta noche les presento.

Haré un poco de historia, de historia personal. Durante décadas participé de las, a veces hermosas y otras veces no tanto, ceremonias propias de la literatura. Recuerdo que viajaba cientos de kilómetros para leer un poema a reducidos auditorios. Son muchas las ublicaciones que, desde aquellos tiempos del underground, recogen mis textos. Pero, poco a poco, al principio imperceptiblemente y, luego, nítidamente, me fui alejando, no por una ataque de misoginia sino, más bien, por una necesidad de estar conmigo, de oírme, de pensar, de reflexionar, de andar en dirección a una poesía más madura, más auténtica -en el sentido de capaz de bastarse a sí misma-.

En mi retiro tuve conversaciones. Una mañana me topé, en el patio de casa, cerca del rosal, con Yeats. Fue él quien me dijo que la poesía es un ascenso a través de llamas que ningún leño alimenta, por ningún acero encendidas / llamas que ningún viento agita, llamas de la llama nacidas. Acaso este libro sea un mapa, el mapa de mi experiencia personal en mi Purgatorio, la cartografía de mi ascenso entre las llamas. Como Yeats, él me lo confirmó, su fantasma me lo confirmó, yo tampoco consiento en envejecer. A alguien alguna vez le dije que formo parte de una generación decidida a ser siempre joven. For ever young - canta Bob Dylan. Y, creo, no sé si mis compañeros de generación estarán de acuerdo conmigo, que, después de tanta muerte y tanta noche, de tanto dolor y desasosiego, nuestro propósito central es no envejecer, seguir siendo jóvenes. Y no hablo de maquillaje, de una imitación de poses, de modismos, hablo de vigor, de interés por cuanto nos rodea, de andar hacia el horizonte, hacia el fin del mundo como el muchacho de las Iluminaciones.

Una noche me franqueó el paso en el pasillo Georg Trakl. Me contó de sus dosis de cloroformo, de sus fracasos escolares, de su trabajo como farmacéutico. Y, por fin, me recitó un verso suyo : ...y por la oscuridad febril pasa un olor a pan. No sé como adivinó que ese es uno de mis versos favoritos -bueno, los fantasmas saben más que nosotros-. En mi mundo ese olor a pan que pasa cuando está oscuro es algo más intangible, pero tan nutricio como el pan : la luz. Conservo de tantas películas que vi imágenes de cuartos iluminados por la claridad que penetra por un tragaluz. Un chorro de luz que corta la oscuridad como un certero, recto y poderoso cuchillo. Recuerdo también algunas fotografías semejantes. Un librito que publiqué hace como veinte años, que nunca cito en mi bibliografía por cuestiones de pudor, tiene en tapa una fotografía sacada por un amigo a quien perdí de vista hace mucho, un golpe de luz contra una mano abierta. La palabra luz se repite una y otra vez en cuanto escribí. Jorge García Sabal, hace unos años, lo notó en uno de mis libros, Viga bajo el agua. Ahora viene a mi memoria aquellas mañanas de la infancia, la luz de la mañana entrando por la ventana, finísimas motas de polvo flotando, mi madre cambiando las sábanas sucias por otras blancas, brillantes. No puedo recordar esto sin emocionarme, como no puedo recordar aquellas noches, el silencio de vez en cuando interrumpido por el silbato de algún tren -siempre viví cerca de una estación, mi abuelo era maquinista-, el ladrido de perros lejanos sin sentir una profunda emoción.

Caminando por una calle empedrada del Abasto, una tarde de niebla, me crucé con Eliot. Era un fantasma delicado, de modales suaves, hablaba pausado como si tuviese por delante -claro que la tenía- la eternidad. De todo lo que dijo recuerdo esto : Las palabras se estiran, / crujen, y algunas veces se quiebran bajo el peso. La poesía es dificultad, tropiezo, cansancio. La poesía es un parir difícil, entre relámpagos. Y también dijo Eliot, su fantasma, o creí oir que decía, que lo nuestro son sugerencias y conjeturas. Un poema es una suma de indicios, de insinuaciones. Acaso aquellas emociones de la infancia, tantas veces transfiguradas en mi poesía, sean indicios de alguna otra orilla que, cuando somos niños, pisamos con frecuencia y se aleja a medida que crecemos. Acaso hacer poesía sea un modo de aproximarnos, al cabo de fatigas y requiebros, a esa orilla. Tuve un sueño : yo estaba parado en medio de la oscuridad y, del otro lado, lejos, pequeños fuegos que brillaban. Luces que saltan a lo lejos, canta Spinetta."



© Carlos Barbarito, Ultimo Reino, Buenos Aires, 1998.


Publicado en Artes Poéticas


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